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    El infierno es un derecho de las masas

    EL INFIERNO ES UN DERECHO DE LAS MASAS 

     

    Carlos Monsiváis
    El Universal

    Domingo 22 de abril de 2007

    " Pero el divorcio, porque es pecado, no te lo doy".

    Quizá el bastión central de la derecha, el más efectivo hasta hace muy poco, es la noción de pecado y su consecuencia, el sentimiento de culpa. Si alguien se siente en falta, o peor, si se siente pecador o pecadora, está ya a disposición de la derecha, manejadora de las culpas que abruman a las responsabilidades. Esa es la historia del siglo XX mexicano: se lanzan campañas contra el cine "que pervierte" a cargo de la Liga Mexicana de la Decencia, se detiene la madurez temática del cine en la década de 1950, se desatan campañas desde los púlpitos contra Agustín Lara y se queman revistas "pornográficas" (que nunca lo son en realidad, apenas boberías "calenturientas"). Antes de que exista material pornográfico, entre 1950 y 1970, los grupos confesionales inician en Mérida, Hermosillo, la ciudad de México, Puebla, quemas de publicaciones "porno". Llegan a los expendios de periódicos, decomisan las revistas "pecaminosas" y las hacen arder en los zócalos en "autos de fe editorial". Por supuesto, las cenizas se arrepienten.

    La derecha necesita echarle en cara a la sociedad su vida de culpas y pecados. Por eso quiere fiscalizarlo todo, el comportamiento y las conversaciones. Hay campañas contra las libertades verbales, y hasta la década de 1970 tiene vigencia plena la lista de vocablos que no se pueden imprimir (la gazmoñería aún persiste). El mero impulso social suprime la pudibundez forzada, se implanta el habla unisex y dejan de ser tabú las "conductas prohibidas", ya legales entre adultos consensuados. Y aquí un tema determinante es el control histórico sobre las mujeres, un emporio del sexismo integrista. Al tradicionalismo no lo cuestionan, más bien lo ratifican, la consagración del machismo en la vida social y el apoyo más que nada convenenciero de la industria del espectáculo. A lo largo del siglo XX, a ojos del patriarcado la culpa de la violación está en las mujeres: "Se la buscaron. ¿Qué necesidad tienen de salir de su casa?". La culpabilización de las víctimas supone en este caso la interiorización programada de las mujeres.

    * * *

    La derecha es la gran defensora de los monopolios. Por ejemplo, crea las condiciones para que pase inadvertida la atroz persecución de los protestantes a lo largo del siglo XX, la violación de sus derechos humanos y civiles, el asesinato de sus pastores, la expulsión de los conversos de las comunidades, la quema de templos. Y se impone el corolario, la muy significativa oleada de chistes que adereza la herejía con el choteo. En su campaña de homogeneidad a fuerzas la derecha conoce éxito relativo, al aislar a cada uno de los sectores perseguidos, que así resultan presas fáciles. Y obtiene también el consenso de la clase política: la conducta familiar de los hombres públicos debe inspirarse en el modelo católico. Hasta hace muy poco era inconcebible un divorciado en la Presidencia de la República. Un soltero, imposible.

    Si la educación laica es un hecho, la derecha quiere robustecer sus zonas de prohibición. En 1961 la campaña "Cristianismo sí, comunismo no", más que a la izquierda, agrede al sector educativo fuera de su control. En 1960, los empresarios de Monterrey organizan la ofensiva contra los libros de texto gratuitos, juzgados "indecentes" y casi ateos. Sólo la intervención enérgica del presidente López Mateos obtiene la difusión de los libros. Esto no lo admite la derecha: si los niños conocen, si las mujeres deciden, su hegemonía se erosiona. Saben lo que hacen: si la hipocresía ya no rige lo cotidiano, se desvanece. La derecha social y clerical ya no sueña con la aceptación unánime de sus dogmas, pero exige que se proceda como si estos dogmas fuesen acatados y por eso concentra sus esfuerzos en la burguesía y la clase media alta. ¿Qué importa la conducta de los pobres y su "animalidad orgánica"? Si un pobre es adúltero, allá él; si un rico se divorcia es blasfemia. Lo propio de la derecha es el manejo de la conducta pública de las clases gobernantes.

    La modernidad no viste santos

    Al concentrarse la derecha en el exterminio del protestantismo y el comunismo, en mantener las prohibiciones más notorias y en cultivar las apariencias morales, ni siquiera le hace caso a la modernidad y halla con esto su zona de desastre. En la segunda mitad del siglo XX, el resquebrajamiento de los aparatos ideológicos o la falta de percepción cultural, hacen que la derecha ignore el impulso internacional de apertura de criterios, que la mera condena no disminuye. Para cuando reaccionan es tarde.

    Si la modernidad transcurre por otros cauces, la derecha consolida sus feudos, entre ellos las universidades particulares. En un cálculo aproximado, 70% del aparato público, de directores de departamento para arriba, ya se compone de egresados de las universidades particulares. Por lo demás, es precaria su presencia militante. Suelen ser conservadores pero hasta allí. En tanto interlocutora de la sociedad, la derecha sólo mantiene su imperio en un caso: el combate a la despenalización del aborto, y como se ha visto ahora, distan de mantener allí la hegemonía. Y la censura en la televisión moviliza algunos empresarios y algunos obispos y cardenales, ansiosos de extirpar el mal.

    Así, las campañas de prevención del sida, por ejemplo, las elimina la amenaza de boicot de los anunciantes.

    A la derecha le irritan sobremanera los intentos de promover reformas o medidas de salud que recuerden la existencia del sexo. Lo suyo es el silencio y la invisibilidad. Así, le horroriza la difusión de los condones. Ante la pandemia del sida, su actitud es intolerante al punto del genocidio. Por eso, en la era del PRI se producen calumnias sistemáticas contra los mínimos intentos responsables de la Secretaría de Salud. (No en la secretaría comandada por Jesús Kumate, aliado y vocero de Pro-Vida).

    En las batallas culturales, la derecha lleva la peor parte, y cito algunos hechos: el auge de las teorías feministas que deciden el tratamiento de las mujeres; el fin del miedo a temas y palabras en los debates televisivos -y legislativos-; el fin de la demonización de la izquierda; la despenalización moral de las conductas minoritarias legales y legítimas. Y la emergencia de la sociedad civil de izquierda y centro-izquierda es uno de tantos datos del avance civilizatorio. Eso no significa desde luego la desaparición de los grupos conservadores que, con todo derecho, mantienen sus convicciones, y que forman en la intención al menos un bloque contra "la subversión". Sólo significa la desaparición del pecado entre los elementos de la discusión legal y pública.

    * * *

    En el programa Bet your life, que conducía Groucho Marx, un sacerdote que participa en el concurso le dice a Groucho: "Lo felicito por toda la alegría que ha traído al mundo". Y él contesta: "Y yo lo felicito por toda la alegría que le ha quitado". Esto tiene que ver con la profunda falta de sentido del humor de la derecha, y de buena parte de la izquierda por otro lado. El sentido del humor, la ironía y el análisis crítico no han formado parte -que se sepa- de los recursos patrimoniales de la derecha que, por lo visto, se deleita con la solemnidad licenciosa del apoyo empresarial y, ahora, con el control de gran parte del aparato político. ¡Qué curiosos! Toman el poder cuando ya no saben cómo prohibir.

    Escritor

    http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/vi_37373.html

    Más sobre el aborto

    Artículo de Opinión de La Jornada, jueves 19 de abril de 2007.

     

    Nora Patricia Jara

    El aborto no es un tema de conciencias

    Este próximo 24 de abril la Asamblea Legislativa del Distrito Federal votará para despenalizar el aborto en la ciudad de México, contra una andanada de grupos fundamentalistas religiosos liderados por la jerarquía católica para frenar el proyecto de ley. Los diputados locales que abanderan la iniciativa enmarcan el tema del aborto como una necesidad de salud pública y suscriben la discusión en el contexto de políticas gubernamentales, tal como lo propone la ONU con base en los Comités de Seguimiento de la CEDAW, en los pactos de derechos humanos o en las conferencias mundiales de Población y de la Mujer realizadas en El Cairo y Pekín. Estas urgen a propiciar el debate legislativo sobre el aborto como un problema de salud pública y no como un tema ideológico. Garantizar el acceso a servicios de salud para casos de aborto no punibles a mujeres jóvenes sin consentimiento de padres o tutores. La problemática del aborto ha sido documentada científica y socialmente en las tres pasadas décadas, sin embargo la polarización del tema se provee de los intentos de mediatización para llevar al terreno de una polémica artificial las creencias religiosas por sobre los derechos civiles, con la intención de frenar cualquier intento que termine con leyes que regulan las conciencias y poner fin a un Estado que se erige como árbitro moral.

    El tema del aborto hoy no es religioso o político, es una cuestión de derechos humanos y civiles, en este caso el de las mujeres a una vida digna, sin discriminación o violencia, con libertad para elegir sobre su sexualidad, su salud y su cuerpo. Un debate sobre derechos y libertades individuales que están por encima de mayorías ficticias, intromisiones jurídicas o de gobierno. Y sus interrogantes son: ¿debe el Estado intervenir en la vida privada de los ciudadanos? ¿Regular hasta con la amenaza de aplicar sanciones penales o religiosas a quienes no sujeten la intimidad a sus designios? ¿Hasta dónde debe intervenir para que una mujer continúe o interrumpa un embarazo? Esto es lo que está detrás de la posible despenalización del aborto. Investigadoras como Irene García Aguilera afirman que: "el conflicto sobre el aborto se puede abordar como uno de derechos (en este caso de las mujeres) versus valores personales". Sostiene que, redescubrir el conflicto en estos términos tiene implicaciones. Las que tienen que ver con el hecho de que en la democracia liberal las autoridades políticas han de proteger los derechos de las personas por encima de las consideraciones personales, pues los valores personales se limitan a la propia conciencia. (Revista de Ciencias Jurídicas y Sociales, número 2, enero 2007).

    Asociaciones como Católicas por el Derecho a Decidir han dicho que la Santa Sede obstaculiza las decisiones que favorecen a las mujeres, limita el acceso a la planificación familiar, bloquea la distribución de condones para prevenir la propagación del VIH y niega la anticoncepción de emergencia a las mujeres que han sido violadas como en el caso de guerras como Ruanda y Yugoslavia. (Consuelo Mejía, CIMAC noticias 19 de abril de 2005). Y ante la inquietud de saber qué piensan las mujeres y hombres católicos de su propia iglesia y sobre aspectos importantes de su vida, en el 2003 realizó una encuesta nacional de Opinión Católica con el Population Council que se publicó en marzo del 2004, se aplicó a 2 mil 328 personas católicas en 17 estados del país, entre 18 y 69 años de edad, 51 por ciento mujeres y 49 por ciento hombres de zonas rurales y urbanas, con los siguientes resultados:

    9 de cada 10 (91 por ciento) opinan que las mujeres y los hombres deben tener acceso a una amplia oferta de métodos anticonceptivos. Más de 9 de cada 10 (96 por ciento) cree que la Secretaría de Salud debe ser la instancia encargada de ofrecer de manera gratuita estos métodos. Más de 9 de cada 10 (93 por ciento) están a favor de que en las escuelas públicas se incluyan cursos de educación sexual y no sólo de abstinencia. 8 de cada 10 (81 por ciento) se opone a que la Iglesia expulse a las mujeres que interrumpen un embarazo. 7 de cada 10 (60 por ciento) están de acuerdo que la interrupción del embarazo debe permitirse en determinadas circunstancias y sólo el 9 por ciento en que una mujer debe tener derecho a un aborto siempre que ella así los decida; el 82 por ciento cuando la vida de la mujer peligra; 77 por ciento cuando la salud está en riesgo; 69 por ciento cuando se tiene sida; 66 por ciento cuando el feto presenta defectos congénitos graves, físicos o mentales; 65 por ciento cuando el embarazo es resultado de una violación. 9 de cada 10 (93 por ciento) opina que debe brindarse atención médica cuando se presentan problemas de salud a consecuencia de un aborto en hospitales públicos. 9 de cada 10 (88 por ciento) apoyan la anticoncepción de emergencia. 55 por ciento cree que pueden seguir siendo buenos católicos cuando apoyan a una mujer que decide practicarse un aborto y un 53 por ciento piensa que una mujer que aborta puede seguir siendo una buena católica. 9 de cada 10 (93 por ciento) opina que las creencias religiosas del presidente, senadores, diputados, miembros del Poder Judicial, no deben influir en sus ideas como gobernantes. 8 de cada 10 (80 por ciento) opinan que no debe permitirse que la Iglesia influya en el diseño de políticas públicas. Este muestreo fue parte de un proyecto que se aplicó también en Bolivia y Colombia y resalta el carácter secular, incluyente y moderno de los creyentes en el catolicismo, pensamiento que se distancia por mucho de las enseñanzas morales de una Iglesia que interfiere en la autonomía de los individuos, y de un gobierno de derecha y confecional que contraviene los mandatos a que está obligado el estado laico mexicano.

    Impossible quiz

    Este juego es para todas aquellas personas que siempre han tenido un placer enfermo por responder preguntas de exámen! Se trata de un quiz animado, en donde las preguntas tienen una lógica impecable, extraña, sacada de otro mundo o simplemente no la tienen! Tienes tres vidas para derrotar el quiz... te enfrentarása preguntas con tiempo, algunas te las podrás saltar, otras no... ¿te sientes capaz de enfrentarte a éste loco cuestionario? ¿¿¿¿es imposible de terminar??? lo que si te puedo decir es que es adictivo 100% Aqui dejo el link... ah! y no oviden encender sus altavoces.... suerte y diviértanse!
     
    Dentro de poco colgaré un link con las respuestas de las preguntas (spoilers o walkthroug)
     
     
     

    No contaban con mi....

    Para un tema serio, un poco de humor... QUE GRANDES SON HELGUERA Y HERNÁNDEZ!!!
     
    pd:  para quien no lo sepa:

    estulticia.

    (Del lat. stultitĭa).

    1. f. Necedad, tontería.

     
     
    Digo... por si algún provido anda leyendo ésto, que sepa de qué va el chiste.
     
     
    MONOSAPIENS
     
    No se puede mostrar la imagen “http://www.proceso.com.mx/cartones/mon-1588-estulticia.jpg” porque contiene errores.

    Ballena o Sirena

    Para salir un poquito del tema del aborto...
     
    Una buena y querida amiga me mandó éste correo cuando le conté que estaba a dieta y haciendo ejercicio para bajar esos kilitos de más y controlar la fofez asesina... me gustó tanto, que decido publicarlo en el blog. Agradezco la reflexión, sólo añadiría que se peude ser una ballena sin sobrepeso ;-) jajajaja!! La salud debería ser siempre nuestra primer preocupación. Un cuerpo sano es bello y pocas veces se corresponde con los estándares occidentales de belleza... Eso me recuerda que el otro día miraba un documental en donde mostraban la vida de un grupo nómada en el desierto; resulta que el estándar de belleza en ese grupo, son las mujeres gordas... entre más gordas mejor. Esto es así porque la gordura refleja un status de vida elevado, ya que las mujeres tienen comida suficiente para tener ese peso. El tamaño de sus caderas, indica su riqueza. Sin embargo, como la vida de éstas tribus ha dejado de ser la que era, y ya no tienen los recursos de antaño debido a la explotación de las tierras que antes recorrían y los recursos que les brindaban. Ahora las mujeres buscan en las farmacias de los pueblos, o ciudades que cruzan en su camino, anabólicos y medicamentos que las hagan engordar artificialmente, causándoles daños en la salud irreversibles e incluso la muerte. ¿será que nunca vamos a aprender? Mientras en países como Francia, España, Estados Unidos, Brasil, Inglaterra, y demás, se ven muejres anoréxicas muriendo de desnutrición, en el desierto del Sahara y del Medio Oriente hay mujeres muriendo por el deseo de verse más gordas... creo que es un tema para reflexionar seriamente. ¿Qué nos impele, mujeres, a buscar la belleza a cualquier costo? Ahi dejo la pregunta....
     
    Y ahora el tan anunciado correo que quiero compartir:
     
    Ballena o Sirena
    Hace unos dias se vio por las calles de Sao Paulo un poster de "Runner"- una de las cadenas de gimnasios más renombradas del Brasil- con la  foto de una chica escultural y la siguiente frase: "¿Este verano qué quirés ser: sirena o ballena?"

    Dicen que una joven mujer pero madura de Sao Paulo (cuyas características físicas nunca trascendieron) le envió este mail a la empresa "Runner" respondiendoles a su frase publicitaria........:

    "Las ballenas están siempre rodeadas de amigos. Tienen una vida sexual activa, se embarazan y tienen ballenitas de lo más tiernas.
    Las ballenas amamantan. Son amigas de los delfines y se lo pasan comiendo camarones....

    También se la pasan jugando en el agua y nadando por ahí, surcando los mares, conociendo lugares maravillosos, como los hielos de la Antártida y los arrecifes de coral de la Polinesia.

    Las ballenas cantan muy bien y hasta tienen CD grabados. Las ballenas son enormes y casi no tienen predatores naturales. Las ballenas tienen una vida bien resuelta, son lindas y amadas por todos.....

    Las sirenas no existen. Si existieran, vivirían en permanente crisis existencial. "¿Soy un pez o soy un ser humano?". No tienen hijos pues matan a los hombres que se encantan con su belleza. (Y yo agregaría que no tienen por donde hacer el amor. ¡Por Dios!). Son bonitas sí, pero tristes y siempre solitarias. (¿Quién quiere acercarse a una mujer que huele a pescado frito y que no tiene hoyito como salvavidas?).

    " Runner", querida, prefiero ser ballena.....

    PS: En estos tiempos de mujeres anoréxicas y bulímicas, en que la prensa, las revistas, el cine y la tele nos meten a la fuerza en la cabeza que sólo las flacas son bellas, este mensaje trae nuevas esperanzas a las ballenitas y, ¿Por qué no?, a las sirenitas que no descansan un segundo pensando en su apariencia exterior.

    Yo prefiero disfrutar un helado junto a la sonrisa cómplice de mis hijos, una copa de vino con un hombre que me haga vibrar... y una pasta exquisita con amigos que me quieren por lo que soy, no por cómo luzco.

    A medida que envejecemos, ganamos peso. Esto ocurre porque acumulamos mucha informacion en nuestra cabeza. Mi cabeza, por no soportar tanta informacion, comenzó a llenar el resto del cuerpo. Ahora entiendo que no soy gorda, "soy culta!" .......siiiiiiiiii......muy culta. 

    otro de Ricardo Rocha

    Más sobre el tema del mes: el aborto.
     

    Detrás de la Noticia

    Ricardo Rocha

    El Universal

     

    Lunes 09 de abril de 2007

     

    ´Guerra santa´

    Estos no han sido días de guardar. Al menos para los jerarcas de la Iglesia católica. Por el contrario, las semanas Santa y de Pascua han sido de una actividad frenética para urdir y sellar alianzas con otras iglesias cristianas a fin de armar un santo ejército que luche en todos los frentes contra la demoniaca amenaza del aborto. Una cruzada pues. Una ofensiva total contra la "embestida del mal" que atenta "contra los valores mas queridos de los mexicanos" según ha dicho el propio cardenal Norberto Rivera Carrera.

    Para empezar, hay un problema profundo de percepción. Porque la iniciativa de la despenalización del aborto no es en modo alguno una embestida contra nadie, y -que se sepa- no es producto de rituales satánicos en misas negras. Es, en cambio, fruto de un largo debate de muchos años en una institución legal y representativa que nos hemos dado los habitantes de la ciudad de México: la Asamblea Legislativa del DF, que no tiene como propósito socavar los valores morales ni religiosos de nadie; que lo único que se propone es quitar los castigos a aquellas mujeres que en un ejercicio pleno de libertad de conciencia decidan -en el marco de la ley- poner fin a un embarazo no deseado. Y en ese empeño se han esgrimido cientos de argumentos psicológicos, fisiológicos y sociológicos que han llevado a la conclusión de que se trata de un gravísimo y doloroso problema de salud pública. Además, claro, de un ejemplo verdaderamente patético de doble moral por aquello de las mujeres con recursos que aquí y en Houston abortan confortablemente, frente a las miles que mueren condenadas por una absurda clandestinidad criminal.

    Ya decíamos que la desventaja para los nuevos cruzados es que no han expuesto argumentos convincentes ni científicos ni éticos. Y, peor aún, carecen de estatura moral para condenar cualquier cosa, cuando han guardado ominoso silencio ante las trapacerías mas abusivas de los poderosos del dinero y los gobiernos. Por el contrario, en ningún lugar del mundo como en México hay una Iglesia tan impúdicamente ligada a lo terrenal, tan comprometida con los excesos, tan superficial, tan frívola. Tan distante de los pobres. Tan lejos del cielo.

    Por eso no es un asunto de fe. Ni siquiera religioso. Es un asunto eclesiástico. Y no sería la primera vez que la llamada Santa Madre Iglesia se mostrase más preocupada y ocupada en sus propios intereses que en los de su feligresía. Y para nadie es un secreto que esa falta de apego y comprensión de su realidad, ha provocado una de las más graves crisis en sus 2 mil años de historia. Baste ver los templos vacíos y semidesiertas las vocaciones sacerdotales. Tampoco pueden ocultarse los ríos de desertores que en las décadas y sobre todo años recientes han vuelto su mirada a otras opciones religiosas que se han fortalecido velozmente. Sólo así se explica la estridencia que ha generado el aborto. Eso y los infames escándalos de los curas pederastas que apenas hoy son lamentados tardíamente. Puros trucos de sobrevivencia. Y es que está claro que se trata también de una trampa. Meter al mismo costal los temas del aborto y la pederastia sacerdotal bajo el signo de cero tolerancia no es lógico ni justo. En el primer caso se trata de un acto individual. En cambio, el sacerdote pederasta es un criminal flagrante que viola y destruye la vida de un niño con premeditación, alevosía y ventaja.

    Pero la Iglesia necesita una causa. Aunque ésta sea desesperada. Porque, además de los argumentos, hay una opinión pública cada vez mas informada que -según la gran mayoría de las encuestas- se pronuncia por que las mujeres decidan sobre su cuerpo, su maternidad y su destino.

    A pesar de todo, el clero conservador y los mas diversos grupos de derecha y ultraderecha como los de El Yunque incrustado en el panismo, han decidido satanizar una legítima demanda ciudadana. Y en eso andan, azuzando desde los púlpitos y en los atrios. Juegan con fuego y el gobierno los arropa.

    Sin embargo, condenarlos sería caer en su juego grotesco de sinrazones y descalificaciones. Pero sí hay que estar atentos al riesgo. La historia dentro y fuera nos ha dado durísimas y sangrientas lecciones.ddn_rocha@hotmail.com

    Sobre la ley de aborto: 4 artículos 4

    El día de hoy, en la Jornada se publican 4 artículos de opinión sobre el aborto. Cada uno desde su peculiar punto de vista y enfoque específico, pero todos muy buenos, sin desperdicio. Invito a leerlos y a escoger su favorito... ah y a dejar su opinión si les apetece!

    Arnoldo Kraus

    Aborto: apelar a la razón

    Es casi idéntico cavilar acerca del aborto en 2007 que haberlo hecho diez años antes o que hacerlo diez años después. Los motivos para apoyar algunas causales, o todas, o las razones para denostarlo poco han variado a través del tiempo. Sin embargo, y pese a lo señalado, este año, y ante la posibilidad de despenalizarlo en el Distrito Federal, es necesario escribir. Escribir en voz alta y escribir por "las otras"; por las ideas de uno y por las razones y las sinrazones de "los otros". Plasmar motivos que brinden una oportunidad a la tolerancia, y que en el tema del aborto, como en otros similares, es valor intrínseco del pensamiento laico, que se vincula con la palabra autonomía en contraposición a los preceptos religiosos.

    Autonomía como derecho y que en 2007 debe ser emparentado con términos como dignidad y libertad, pero también con los significados de la realidad que viven algunas mujeres embarazadas y con las circunstancias del mundo circundante. Imposible soslayar el vía crucis de muchos hijos e hijas no deseados, cuya geografía es parte del mapamundi y de las lecturas que de él se haga. Dentro del contexto del mundo actual, el dolor de los no deseados debería mirarse como una inmensa fractura y como un fracaso de la condición humana y de sus instituciones, llámense sociedad, política y religión.

    Autonomía y embarazo son términos que se entrecruzan sin cesar. Es la mujer quien debe decidir acerca de las condicionantes de su preñez y no lo contrario. En una sociedad moderna y plural debe permitirse que la mujer embarazada y autónoma elija por lo que ella considera que es lo mejor para su realidad y para las circunstancias que construyen su cotidianeidad. Condición económica, la edad de la gestante, la posibilidad de que la hija o el hijo nazca con alguna malformación o que sea portador(a) de un mal genético, el número de vástagos, la presencia o ausencia de pareja, la salud, y otros avatares son, entre otras, algunas de las determinantes cruciales en el momento de elegir ser madre. Cuando las palabras de las instituciones políticas o religiosas no van más allá de las palabras esas circunstancias son vitales.

    Dignidad y embarazo son términos que también se entrecruzan. Las mujeres que afrontan la en ocasiones terrible decisión de abortar -no cuando se trata de una violación o ante la certeza de un hijo malformado- suelen entender el concepto dignidad. Tanto para ellas como para sus vástagos. Dignidad y autonomía son términos cuyos significados deben ser (re)considerados por las religiones.

    En las sociedades modernas, laicas y plurales, tienen cabida todas las mujeres: las que deciden proseguir el embarazo, aunque las circunstancias sean adversas, y las que optan por interrumpirlo. Bajo la mirada de la religión las segundas son mal vistas. Bajo la perspectiva de la dignidad, asociada a la autonomía, y de la cual agrego que debe ser el principal rasgo humano, la posibilidad de continuar o no el embrazo es crucial. Las personas que defienden el derecho de abortar no condenan a las que consideran improcedente el embarazo. Son tolerantes. Los que no aceptan ese recurso no sólo lo condenan, sino que incluso han llegado a asesinar a los médicos que lo practican. Son intolerantes.

    Las preguntas de siempre siguen siendo las preguntas de siempre: ¿cuántos no deseados proceden de madres incapaces de sostener a sus vástagos?, ¿cuántos no deseados logran escapar de la eutanasia social, término complejo, pero real? Leo, atónito, la siguiente noticia: 30 recién nacidos, abandonados a su suerte. Campaña en Alemania para evitar la muerte de bebés rechazados por sus padres. "El elevado número de bebés muertos por madres o padres desesperados preocupa en Alemania. En Berlín y en otras ciudades alemanas se ha abierto un debate sobre los métodos más adecuados para afrontar el problema, intentando salvar las vidas de los bebés y ayudar a las madres que se ven abocadas a la terrible decisión de matar o abandonar a sus hijos recién paridos. Entre las propuestas se debate si es más eficaz la creación de contenedores para abandonar los bebés en lugares seguros o crear mecanismos para crear un pacto incógnito... Se estima que, en Alemania, cada año las madres abandonan en basureros, paradas de autobús o al borde de una calle entre 30 y 60 bebés. La cifra de los muertos es similar."

    Los abortos son medidas absolutamente inadecuadas para afrontar el problema del control de la natalidad; no deben realizarse con ese propósito. Los no deseados, producto de embarazos no deseados, devienen leña para que el mapamundi de la eutanasia social siga creciendo sin coto y sin solución. Por los no deseados, aunque sé que es casi imposible encontrar entrecruzamientos racionales cuando se habla de aborto, es importante, en 2007, como fue una década atrás, escribir sobre el tema.

    Mercedes Iturbe. In memoriam

    http://www.jornada.unam.mx/2007/04/04/index.php?section=opinion&article=017a2pol

     

    Eli Bartra *

    No es por gusto

    ¿Hace falta decir de nuevo que el aborto no es un gusto, sino el último recurso? Tal parecería que a las mujeres nos encanta correr al ginecólogo a la menor sospecha de embarazo no deseado para intentar abortar. Es lo que más nos gusta hacer en la vida, sobre todo a las adolescentes, que no hacen otra cosa aparte de tener relaciones sexuales no seguras (lo cual es una desgracia) y embarazarse.

    Se ha repetido hasta la saciedad, con cifras en la mano, que no son precisamente las adolescentes las que en mayor número se practican abortos, sino las mujeres con más de tres hijos. Sea como sea, da lo mismo; la despenalización del aborto significa, ante todo, la posibilidad más elemental de ejercicio de la libertad para todas las mujeres. También se ha dicho hasta el cansancio que la despenalización no obliga a nadie, a nadie, pero a nadie absolutamente, a abortar si no lo desea.

    Lo mismo sucede con la ley de divorcio, por ejemplo. No obliga a ninguna pareja a separarse si no quiere, pero abre esa opción a las parejas que lo deseen.

    Las actuales leyes sobre el aborto son coercitivas e imponen una sola forma de proceder: no se aborta de manera libre y gratuita, y punto. Esto es simple y llanamente imponer a toda la sociedad una visión del mundo y de la vida, por lo tanto, atenta contra la libertad de las personas. Por este solo hecho, para no ir más lejos, es imprescindible que se despenalice ya el aborto y sea una práctica libre y gratuita. Las mujeres decidimos, no el gobierno, no la Iglesia.

    Que es una cuestión que tiene que ver con la fe, las religiones, la moral y, sobre todo, con la Iglesia católica, en tanto institución que se empeña en prohibirlo, de todo el mundo es archisabido. Sin embargo, en aras de la modernidad, en aras de ahorrarle al Estado mexicano mucho dinero y un grave problema de salud pública, y en aras de que sean las mujeres -por fin- quienes decidan sobre su propio cuerpo y su vida es que no puede seguirse discutiendo este asunto -ya se ha hecho por décadas, durante un siglo cuando menos, y siempre ha ganado la ultraderecha; por eso mismo cree que esta vez también seguirá ganando-, por lo que se debe actuar de manera inteligente y despenalizarse cuanto antes.

    En realidad lo que se da no es un debate, no se discuten ideas, y muy pocas veces propuestas concretas; se echan al ruedo los principios de cada quien y nadie va a convencer a nadie. Las personas, en virtud de sus ideas, de sus ideales políticos o de sus creencias religiosas y morales, ya tienen una opinión frente al asunto, y ésta será inamovible. ¿Qué se discute entonces?

    Las mujeres todas estamos en contra del aborto, ninguna quiere abortar, no es un gusto, pero es, sin lugar a dudas, un recurso al que se recurre cotidianamente -y en el que se pierde fácilmente la vida. Es una práctica no permitida, pero que se lleva a cabo todos los días por montones (la mayoría de las veces en lamentables condiciones y a precios exorbitantes).

    En pleno siglo XXI, verdaderamente es una aberración que aún no se haya despenalizado el aborto en México, y ojalá, ojalá que por lo menos se logre esta vez, sí, en la ciudad más grande del país: el Distrito Federal, y que no se empantane el asunto en discusiones estériles, bizantinas y absurdas.

    Debería haber quedado claro que no hay que discutir con la ultraderecha -no quiere debatir, sólo pretende seguir imponiendo su punto de vista-, que se quede con sus creencias y que no nos las imponga a todas las demás personas. No se debe seguir controlando con dogmas de fe y de religión a toda la sociedad, y menos que sea la ley que nos rija dentro de un Estado laico.

    No más debates, no más discusiones, se debe tomar la decisión de despenalizar el aborto sin más, y listo.

    * Profesora-investigadora UAM-X

    http://www.jornada.unam.mx/2007/04/04/index.php?section=opinion&article=033a1soc

     

    Bernardo Barranco V.

    El aborto y el Dios de la vida

    Lamentablemente el debate sobre el aborto ha arrojado mayores intransigencias. Está entrampado; más que razones y argumentaciones, reinan las descalificaciones y las amenazas. Conclusión: todos somos asesinos, los que están en favor de la despenalización se llenan de sangre y cometen crímenes contra seres inocentes. Los antiabortistas, por su parte, propician la muerte de miles de mujeres pobres que practican el aborto clandestino. Los grupos conservadores no dan opciones porque bloquean una educación sexual más profunda y se oponen a la utilización de la mayoría de los métodos anticonceptivos. Los partidarios de la despenalización también tienen que ir más allá de las grotescas caricaturizaciones de los mochos o de la fachosa embestida clerical.

    Nadie desea el aborto, es una medida extrema que deja secuelas; sin embargo, el aborto legal o ilegal existe y es un verdadero problema de salud pública que el Estado mexicano tiene la obligación de afrontar, así sean las 88 mujeres que mueren al año, como señaló sin descaro alguno, el secretario de Salud, José Angel Córdova Villalobos, cifra, por cierto, muy por debajo de todas las aportadas hasta el momento.

    Existe igualmente una polémica equívoca sobre la "cultura de la vida" o estar "a favor de la vida" que reduce una expresión tan fuerte y profunda en la tradición cristiana al debate sobre la eutanasia y la interrupción voluntaria del embarazo no deseado. Se empobrece, pues. A fines de la década de los 70, la teología en la Iglesia católica aborda el tema de la vida en dos vertientes. La primera se da en América Latina y responde a un nuevo momento de la entonces jubilosa teología de la liberación que iniciaba una reflexión más profunda sobre la espiritualidad desde el compromiso social; la otra vertiente sobre la cultura de la vida es estimulada por los nacientes grupos Provida, tanto en Estados Unidos como en México. Mientras la matriz latinoamericana afirmaba la confrontación de los cristianos frente a la injusticia en el otro polo, la teología conservadora se confrontaba con los valores seculares de las sociedades industrializadas.

    El Dios de la vida en nuestro continente era una respuesta a las realidades de opresión y martirio que se experimentaban bajo las dictaduras militares. "Todo lo que sea hoy en América Latina -relataba Gustavo Gutiérrez-, dar vida a un pueblo que muere de hambre y que es asesinado por las balas, eso es dar testimonio de la Resurrección. Dar vida quiere decir toda la vida: dar pan al pobre, ayudar a la organización de un pueblo, luchar por sus derechos, atender la salud de los marginados, predicar, perdonar al hermano, orar, celebrar la eucaristía, entregar la propia vida" (El Dios de la vida, Pontificia Universidad Católica del Perú, 1981, p. 88).

    En suma, el debate en torno al aborto y la cultura de la vida está empobrecido por los propios actores clericales que llegan al extremo del chantaje, la amenaza, la culpabilización y extorsión moral de la sociedad. En pleno uso de su libertad religiosa la jerarquía defiende su posición sin haber articulado un planteamiento consistente, dejando a un lado la intimidación de la excomunión. En el fondo es la disputa de México consigo mismo, más que la discusión entre tradición y modernidad; el debate sobre el aborto exhibe las dificultades farragosas para alcanzar acuerdos. Estamos, pues, ante un debate sin salidas que coloca a líderes, instituciones y actores involucrados entre las disyuntivas del diálogo o la intransigencia.

    El año pasado sostuvimos que el episcopado se estaba reorganizando para librar batallas por el tutelaje de los valores morales y éticos de la sociedad. La presente coyuntura de la despenalización, propuesta en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, lo ha tomado por sorpresa. Aun así, monseñor Carlos Aguiar Retes jugó con la descabellada idea de proponer un referendo, iniciativa peligrosa porque la mayor parte de las encuestas de opinión dan una cerrada diferencia; tiene la Iglesia, por tanto, altas probabilidades de perderlo. Imaginemos el costo social que esto tendría para la jerarquía: desconocer un fallo ciudadano propuesto por ella misma, ¡desacato por cuestiones de principios doctrinales y de disciplina!

    La pérdida de los valores ha sido exaltada en repetidas ocasiones por la Iglesia. Pero no olvidemos que todo discurso ético-religioso es, en el fondo, una representación de un orden social deseado, o interpretado por la institución mediante la doctrina, la tradición y la identidad. La discusión sobre el aborto también expresa una disputa por un orden societal y se confrontan concepciones de la historia. Este orden moral ha chocado frontalmente con la modernidad secular, por lo menos desde el siglo XVII. Si la modernidad secular y sus nuevas instituciones laicas habían creado una contra-Iglesia los católicos siempre han aspirado a construir una contra-sociedad católica alternativa.

    En nuestra historia la confrontación del factor religioso y del político ha sido muy costoso: ha generado fanatismos y antagonismos que han devastado los tejidos y las instituciones de la sociedad, como las guerras fratricidas de mediados del siglo XIX o la guerra cristera del pasado siglo XX. El país está actualmente frágil, la circunstancia poselectoral lo ha colocado ante escenarios de quebrantamiento; por ello, debates antagonizados, donde todos los actores se cierren, conlleva peligros.

    No se debe perder el horizonte, las transformaciones culturales del México contemporáneo bajo la modernización del país trae como consecuencias cambios no sólo en el comportamiento y las prácticas sociales, sino en la manera de entender el mundo. Nuevas lógicas y sentidos comunes emergen lentamente en nuestra sociedad mientras otras, entre ellas muchas concepciones, cuyo origen es religioso y tradicional, pierden vigencia o se recrean. Se pasa de contextos en que las creencias religiosas formaban parte de los supuestos culturales totalizantes donde los valores cristianos ejercían el monopolio del sentido a un nuevo momento cultural en el que estas mismas significaciones conviven con otras. Dicho de otra manera las verdades reveladas por Dios indicaban las normas de conducta e imponían un conjunto de prácticas que orientaban a la sociedad y a las personas a un modelo social. Bien haría la Iglesia en repensar en el Dios de la vida que articule el compromiso social con las transformaciones culturales.

    http://www.jornada.unam.mx/2007/04/04/index.php?section=opinion&article=017a1pol

     

    Javier Aranda Luna

    El aborto y la Iglesia

    Si Dios es el camino y la verdad y la vida, como dijo el galileo, ¿por qué los líderes que invocan su nombre no siguen puntualmente sus pasos y mienten y apuestan por la muerte? Se imagina a Jesús, el Cristo, jugando golf con prestamistas, echándose un tequila con Cayo César Augusto Germánico -Calígula-, recibiendo a narcos, excomulgando paupérrimas mujeres que abortan, bendiciendo un local de Domino's pizza afuera del templo, quemando miles de condones en Africa, el continente más consumido por el sida?

    Ahora que la transparencia es una exigencia en las sociedades democráticas, ¿por qué no pedirle cuentas al alto clero de la Iglesia católica? Porque sus errores, cuestan vidas. La Iglesia tardó medio siglo en pedir perdón al pueblo judío por no condenar a tiempo el Holocausto y varios cientos de años para que aceptaran las verdades de Copérnico y Galileo. Y, a pesar de ello, insisten socarronamente en querer canonizar a Isabel la Católica, madre de la Inquisición, y niegan autoridad a la ciencia de manera sistemática repartiendo excomuniones y discursos sandios.

    Hace 50 años nos mintió la jerarquía católica diciendo que la píldora anticonceptiva causaba cáncer, que tenían pruebas científicas. Y en contraparte nunca condenaron con fervor militante al tabaco, que sí causa cáncer, o a los fabricantes de pesticidas, cuyos productos hacen nacer niños sin cerebro o sin brazos.

    ¿Y qué decir de su política infame sobre el uso del condón? Nos mintieron y nos siguen mintiendo cuando dicen que el virus del sida atraviesa el látex de los condones y que el único control contra la propagación del sida es la abstinencia. Nos mienten porque el virus no atraviesa el látex y porque la abstinencia falla. Pero, ¿ese clero chato de veras practica la abstinencia, cumple lo que enseña? Las evidencias nos dicen que no y, por desgracia, no de la mejor manera: allí están las monjas emparedadas con todo y niños en los conventos, los clásicos ''sobrinos" de los sacerdotes de pueblo, los curas ejecutados en hoteles lumpen por su pareja ocasional comprada por unos pesos o los líderes católicos acusados judicialmente por sus prácticas pederastas.

    Ya ni los más fervientes católicos creen en sus líderes ni en la institución eclesiástica: en los años recientes disminuyó 20.9 por ciento la incorporación de nuevas monjas y 3.7 por ciento de sacerdotes y, países notoriamente católicos, como Brasil, pierde al año medio millón de fieles.

    El caso de México también es elocuente: la llamada píldora del día siguiente se incorporó al sistema de salud pública después de levantarse una encuesta entre mujeres católicas en la que más de 70 por ciento aceptó su uso. No es extraño ese caso: las prácticas sexuales de 85 por ciento de los jóvenes católicos contradicen las regulaciones formales de la Iglesia.

    Pero, ¿cuál es el Evangelio que invocan quienes se oponen a que las mujeres aborten de manera voluntaria? El aborto en nuestra sociedad es una práctica común. Un recurso para corregir más que un método anticonceptivo. Y prohibirlo no erradica su práctica: en la España católica de Franco existían líneas aéreas que, todos los días, hacían vuelos nocturnos a Inglaterra para que las niñas bien de la sociedad española abortaran. La prohibición efectiva era, claro, como siempre, para las pobres, para las que no podían pagar un boleto de avión ni una clínica londinense.

    ¿Cuántos años tendrán que pasar para que el alto clero católico reconozca sus errores sobre el uso del condón y la práctica del aborto? ¿Cuántos deberán morir infectados de sida, cuántas mujeres por practicarse abortos insalubres, cuántas por contraer el virus del papiloma humano causante del cáncer? Existen en el mundo 40 millones de personas infectadas de sida y por esa enfermedad fallecen al año 3 millones. La adolescente Paulina, obligada a tener un hijo de su violador logró, varios años después, y por instrucciones de la Organización de las Naciones Unidas, que el gobierno de Baja California la apoyara para hacerse de una fuente de trabajo como reparación por la negligencia del aparato de salud que se negó a practicarle un aborto al que legalmente tenía derecho. Varias voces le sugirieron a la niña que se casara con el violador. Voces similares a la del ex secretario de Gobernación Carlos Abascal, quien pide a las mujeres denunciar a los violadores ''antes de ser violadas", como consta en un documento que repartió desde su oficina. Estas buenas conciencias, ¿aceptarían que sus hijas gestaran y parieran al hijo de sus violadores?

    El padre de la mentira, según Juan el apóstol, es Satanás, y por ello sus oficiantes arderán en un lago de fuego después del juicio final. Seguramente algunos creyentes de la escritura desearán ese futuro para los mentirosos. Mi esperanza es más modesta y sólo terrenal: me gustaría que esa Iglesia de hierro rindiera cuentas a la sociedad a la que se debe. Que dijera a cuánto ascienden los diezmos y limosnas que recibe, en qué los aplica, cómo se concursa para fabricar la tiara de oro de los pontífices, cuánto gastan en comidas y viajes y cuánto invierten en educación y salud para los pobres y para los más pobres de los pobres que invariablemente son mujeres.

    En el siglo XVI la Iglesia católica excomulgó al monje agustino Martín Lutero por traducir la Biblia y fomentar la lectura. Ahora los monaguillos del episcopado reparten panfletos en la calle para expresar su ''verdad" sobre el aborto. Tardaron varios siglos en rectificar, en valerse de la palabra impresa e invitar a la lectura aunque sea en panfletos con faltas de sintaxis. En valerse de los recursos de un excomulgado. Quizá en 200 años más otros monaguillos repartirán condones y ofrecerán en los dispensarios médicos abortos gratuitos y practicados con la mejor tecnología para acercarse nuevos feligreses. ¿Por qué no imaginarlo? Condenaban la incineración y ahora venden condominios de urnas en los templos para albergar a nuestros muertos. ¿Por qué no dejar que las mujeres decidan sobre su propio cuerpo? Estoy seguro que no abortarán como método anticonceptivo por ser doloroso y caro, sino para apostar por la vida; para seguir viviendo.

    http://www.jornada.unam.mx/2007/04/04/index.php?section=opinion&article=a06a1cul

    De Alberto Aziz Nassif

    DESPENALIZAR

    Alberto Aziz Nassif
    El Universal

    Martes 03 de abril de 2007

    Una de las discusiones que más polariza a una sociedad como la nuestra es el tema del aborto. En estos días se ha vuelto a generar un amplio debate entre dos posiciones: los que están a favor de despenalizarlo y los que pretenden que no se haga la reforma. Del lado de los reformistas se propone una política integral de salud sexual y reproductiva, con el fin de acentuar la prevención de embarazos no deseados y disminuir el grave problema de salud pública que es la mortalidad materna. Del otro lado, se argumentan principalmente razones morales como la "defensa de la vida" y la "protección de la persona desde la concepción".

    Ante estas dos posturas irreconciliables se mueven fuerzas, alianzas, y se han posicionado algunos de los principales actores políticos, religiosos y sociales del país. En las últimas semanas se ha creado un campo de enfrentamiento y militancia entre las posiciones en conflicto. El debate ha subido de tono en la opinión pública y se ha expresado en un creciente caudal informativo. Algunas mediciones reportan la división social que existe. Consulta Mitofsky hizo una medición en enero pasado y encontró que cuando se pregunta simplemente por un acuerdo o desacuerdo sobre el aborto, hay 32% de acuerdo y 66.2% en desacuerdo, pero cuando se frasea la pregunta como un problema que ya está despenalizado por diversas razones y que ahora se quiere que la mujer pueda decidir libremente si quiere interrumpir el embarazo, el resultado es prácticamente un empate en 49%.

    1.- ¿Cuál es la situación legal del tema en la actualidad? En México ya existe una serie de causales de aborto que no se penalizan. De un conjunto de diversas causales hay un panorama variado en el país: en todo el país es válida la causal que no se castiga por violación; en 30 estados no se penaliza el aborto "imprudencial" y en 29 el aborto se permite por razones que pongan en peligro la vida de la madre; en 13 estados se permite por malformaciones genéticas o congénitas y sólo en uno (Yucatán) por razones económicas (Grupo de Información en Reproducción Elegida, GIRE). Lo que ahora se quiere legislar en la Asamblea del Distrito Federal es despenalizar la decisión de interrumpir el embarazo dentro de las primeras 12 semanas, como un derecho de la mujer a decidir. Un supuesto de los grupos que luchan por esta posición plantea con razón que nadie busca deliberadamente embarazarse para abortar; no es una política de anticoncepción, sino un recurso extremo, un problema moral y de política de salud.

    2.- ¿La penalización resuelve el problema? A pesar de que se ha tratado de tapar la realidad de los números de muertes de mujeres por abortos clandestinos, las autoridades panistas de la Secretaría de Salud han tenido que admitir que se trata de una de las causales de mortalidad más altas en México. En el DF el aborto clandestino es la tercera causa de muerte y en el país es la quinta. Según información del IMSS y de la propia Secretaría de Salud, en la ciudad de México se registraron 55 mil hospitalizaciones de mujeres por aborto entre 2000 y 2005 (EL UNIVERSAL, 19/III/2007). El Consejo Nacional de Población registra 110 mil abortos inducidos en 1995. Este panorama expresa que se trata de un problema de salud pública que necesita de respuestas en varios espacios como la educación sexual, campañas de información, acceso efectivo a los anticonceptivos y servicios de salud integrales.

    3.- ¿El problema es moral o penal? Vale la pena detenerse en el fondo de una polémica que nunca se va resolver desde la confrontación de posiciones morales. Se trata de legislar sobre políticas públicas de un Estado laico para garantizar el ejercicio de derechos y libertades, como el derecho de cualquier mujer a decidir sobre su maternidad.

    Uno de los juristas más reconocidos internacionalmente, Luigi Ferrajoli, hace una interesante argumentación para ubicar lo que llama "la cuestión del embrión entre derecho y moral". En efecto, hay dos posiciones para entender esta relación: una que habla de una "recíproca implicación entre cuestiones jurídicas y (.) cuestiones morales". En esta visión el aborto es inmoral porque se atenta contra una vida, por lo cual su realización debe ser punible por el arma del derecho y se tiene que consignar como un ilícito. Es la posición oficial de la Iglesia católica, del PAN y de organizaciones como Pro-Vida.

    Pero hay una posición opuesta, dice Ferrajoli, la que separa la moral del ámbito jurídico. Es la tesis de la recíproca autonomía en la que se basan el derecho y la ética moderna. En este planteamiento el derecho y el Estado no encarnan valores morales: su deber es garantizar la igualdad, la seguridad y los derechos mínimos vitales, y su conclusión es garantizar el pluralismo moral, porque no todos comparten las mismas creencias, opiniones y valores morales. En este sentido, sólo las conductas que ocasionan daño a terceros pueden ser prohibidos por el derecho, como lo señala el artículo cuarto de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789: "La libertad consiste en hacer todo lo que no dañe a los demás".

    La tesis moral de que el feto es una persona o la que afirma lo contrario no son verdaderas o falsas, no son una cuestión científica, sino moral, por lo cual se admiten soluciones diferentes, opinables, diversas y controvertidas. En suma, si estamos frente a un pluralismo moral tutelado por un Estado laico como el nuestro, no se puede imponer un criterio moral de una parte de la sociedad como política pública, y mucho menos como un factor punible.

    Una de las conclusiones de Ferrajoli es que "los dilemas morales, cuando conciernen únicamente a los derechos de la persona que está llamada a resolverlos, deben ser dejados a su autodeterminación". La defensa de un Estado laico es la garantía de que la democracia necesita tener un sustento de pluralismo moral. No se puede usar el código penal para castigar a una de las dos posiciones morales, porque ambas pueden ser igualmente válidas y legítimas. Despenalizar el aborto permitirá ampliar derechos y libertades, y desarrollar una política de salud pública más eficaz.

    Investigador del CIESAS

    Aborto y Estado Laico

    La opinión en La Jornada de Elena Urrutia
     

    Elena Urrutia

    Estado laico y aborto

    En estos momentos en que el tema del aborto vuelve a estar en las primeras planas de los diarios (pensar que apenas en la década de los años 70 la palabra aborto no podía aparecer escrita en la prensa ni oírse en los medios radiofónicos y televisivos), tal vez somos muchas las personas que hemos recordado un desplegado suscrito por 76 organizaciones civiles, que apareció publicado en varios periódicos del país el 8 de marzo de 2001.

    El desplegado en cuestión -que cita unas palabras de Valéry Giscard d'Estaing, tomadas de sus memorias cuando recuerda los días que, en 1974, se discutía en Francia la despenalización del aborto- buscaba poner ante el presidente mexicano, Vicente Fox Quesada, la mejor respuesta posible a la solicitud que la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) le hacía, apelando a sus convicciones católicas, de apoyar su campaña para prohibir el aborto en cualquier circunstancia.

    El desplegado periodístico llevaba por título: ''¿Qué le corresponde hacer a un presidente en un Estado laico?''

    '' (...) Yo soy católico, le dije (al papa Juan Pablo II, durante una entrevista realizada en El Vaticano), pero soy presidente de la República de un Estado laico. No puedo imponer mis convicciones personales a mis ciudadanos (...) sino (más bien lo) que tengo que (hacer es) velar porque la ley se corresponda con el estado real de la sociedad francesa, para que pueda ser respetada y aplicada. Comprendo, desde luego, el punto de vista de la Iglesia católica y, como cristiano, lo comparto. Juzgo legítimo que la Iglesia católica pida a aquéllos que practican su fe que respeten ciertas prohibiciones. Pero no es la ley civil la que puede imponerlas con sanciones penales, al conjunto del cuerpo social''. Y añadía: ''Como católico estoy en contra del aborto; como presidente de los franceses considero necesaria su despenalización''.

    Para concluir, el desplegado señala que laicismo significa separar las creencias religiosas de las leyes. Las creencias son asunto de cada quien; las leyes, de todas y todos.

    Por último, ese 8 de marzo del año 2001, las organizaciones firmantes del desplegado se preguntaban: ''¿Cómo contestará el presidente Vicente Fox a la solicitud que le hace el Episcopado?''

    Yo -quien esto firma-, como estoy segura que muchas y muchos católicas y católicos, suscribo plenamente las palabras de Valéry Giscard d'Estaing.

    http://www.jornada.unam.mx/2007/04/03/index.php?section=politica&article=004a1pol

    De Ricardo Rocha sobre el aborto

    Como siempre, Ricardo Rocha aporta buenos y lúcidos argumentos en un tema tan serio como la aprobación de la ley delaborto en el DF. Que aproveche.
     
    Ricardo Rocha
    El Universal
    2 de abril 2007
      Hipócritas

    Hoy estamos viviendo uno de los debates mas absurdos y vergonzosos de que se tenga memoria. El aborto ha venido a polarizar todavía más a una sociedad ya de por sí confrontada por el 2 de julio y sus secuelas de rencores y odio: de un lado, quienes defienden el derecho a la vida de miles de mujeres que cada año mueren en este país por criminales abortos clandestinos; del otro, los que invocan la religión para condenar y hasta excomulgar a quienes pretenden despenalizar el aborto.

    Un debate que, por supuesto, está ideologizado y partidizado: acá, priístas, perredistas y organizaciones no gubernamentales de centro-izquierda exhibiendo los extremismos del partido en el poder; enfrente, el PAN, el gobierno, la jerarquía católica y anexos desgarrándose las vestiduras pero intentando demostrar quién manda en este país.

    Los argumentos por la despenalización son contundentes: es un gravísimo problema de salud pública con graves consecuencias individuales, sociales y hasta económicas para la nación; nadie puede imponerse al derecho de las mujeres a decidir sobre su maternidad; hay un cúmulo de argumentos científicos que descartan que antes de las 14 semanas de embarazo se pueda hablar de un ser humano integral; aun filósofos y teólogos como Hans Kung -de reciente visita en nuestro país- han afirmado que el embrión en esa etapa no puede ser todavía considerado como persona, que el aborto beneficia a las mujeres más pobres y que la Iglesia debería tener una posición de misericordia, porque oponerse al aborto no es una actitud cristiana.

    Simultáneamente, se ha dicho una y otra vez que esta ley -ahora a discusión en la Asamblea- no obliga ni sugiere a la madre a abortar,; simplemente eliminaría las penas a quienes lo hagan. En sentido contrario, los "argumentos" son absolutamente insostenibles y se limitan a las mismas cantaletas moralinas de siempre: estar en favor de la vida; defender la existencia de inocentes o el súmmum de la nueva filosofía chespiritense de la derecha: "abortemos la ley, no la vida". Las "razones" no se quedan atrás: "habrá violencia", amenaza el cardenal Rivera; "habrá sangre", desafía el señor Serrano.

    Pero lo peor para voceros y vocingleros antiaborto es que no hay uno solo que tenga calidad moral para defender una postura de seudoética pública. Y es que están contra el aborto los panistas que jamás se han molestado en protestar por Aguas Blancas, Acteal o las muertas de Juárez; que no han hecho gestos con sus alcaldes asesinos como el de Atizapán; que encubrieron el fraude de 30 millones del ya mencionado provido Jorge Serrano Limón; que ahora comulgan con don Norberto, quien está indiciado en Los Ángeles por proteger al cura Aguilar, quien afirma que "es una exageración decir que violé a 90 niños". Los mismos panistas que tienen como gurú espiritual al padre de todos los pederastas Marcial Maciel, al que el Vaticano tuvo que encerrar porque es un sujeto de alta peligrosidad.

    Así, pues, con qué cara los panistas y los jerarcas católicos nos pueden hablar de caridad cristiana. Si vienen de una Iglesia que empareda por miles los fetos en los muros de sus conventos; que masacró a los cátaros porque querían regresar a la austeridad de Jesús; que sólo en los últimos 50 años y nada más en Estados Unidos ha sido acusada de más de 10 mil abusos sexuales contra niñas y niños por parte de 5 mil de sus sacerdotes, por lo que ha tenido que pagar casi 700 millones de dólares en indemnizaciones. Si en México se abrieran las denuncias, también sumarían miles.

    Lo grave es que la larga agonía de esas violaciones y luego la destrucción en vida de la existencia de esas víctimas jamás ha provocado el menor rechazo o protesta de quienes ahora se asumen hipócritamente como defensores de la moral y las buenas costumbres.

    En suma, si la mayoría en la ALDF se deja intimidar y amedrentar por los nuevos inquisidores malhechos, habremos retrocedido siglos de historia. Ahora sí se aplastaría el estado de derecho. No puede ni debe haber titubeos en un acto de estricta justicia.

    ddn_rocha@hotmail.com